Cambrils
Suena la alarma son las 6.00 A.M. parece que recién nos acostamos pero si debemos madrugar porque debemos llegar a horario a la estación Barcelona Sants el tren sale a las 9.22 con destino a Cambrils. Miramos el pronóstico para poder estimar que abrigos llevar, siempre la idea es que no sobre ni falte para que no se haga pesado el llevar abrigos innecesarios.

Recorremos la estación que a esa hora está vacía, pocas personas, pero éste es un tren de media distancia que es usado por el común de la gente para llegar a destinos laborales, visitar familiares, no se observa equipaje de larga distancia. Pero aún así el viaje durará 1 hora.

Nos acomodamos y comienza el viaje y casi de forma inmediata podemos ver el Mar Mediterraneo.
El sol entra por las ventanas del vagón, las estaciones llegan velozmente nuestro destino es cada vez más próximo. Por las ventanas observamos casi sorprendidos que cada parcela de tierra está cultivada. Debajo de puentes, alrededor de casas pequeñas. Cada pedazo de tierra está intervenido por la mano del hombre. Otro aspecto es que las estaciones no son uniformes, todas son distintas al igual que los alrededores de ellas. Algunos suben otros bajan y asi es como llegamos a Cambrils una pequeña ciudad Balnearia que da cuenta de que está lista para recibir a quienes la visitan. La estación a estas alturas del recorrido no está próxima a la playa serán unas cinco cuadras hasta llegar y al llegar por algo así como un boulevar aparece el nombre cual postal “CAMBRILS” las pocas personas que deambulan posan para el retrato, otros solo caminan por la costa, están quienes pasean a sus mascotas. La calle de la costanera es extremadamente estética y el resto es acorde, caminamos hasta donde el mar se une con la playa, el agua está fría pero bien valía llegar al agua.

Recorrimos la costanera de punta a punta de ida por una mano y luego el regreso lo hicimos por el otro lado, los locales aún estaban cerrados solo algunos parecía que comenzaban a abrir y eran los bares de cadena como los familiares los que invitaban al primer café de la mañana. Decidimos desayunar en uno pequeño que tenía varias mesas ocupadas, y como decía mi abuelo si hay gente, que se los ve relajados y tomando algo plácidamente, claramente algo sucede en ese lugar. Y así fue ese fue el mejor café que tomamos en España. Seguramente no faltará oportunidad en donde les podamos contar nuestra experiencia entre medidas sabores combinaciones españolas de los cafés.

Desde ese barcito llamado «Ocean Café» atendido por su dueña, que perfumaba en gran medida la calle Rambla de Jaume I observábamos el mar, la gente y el tiempo se detenía en placer de ese instante.
Hicimos las averiguaciones pertinentes pero esta vez para regresar en bus. El horario era un poco complejo porque era un bus de servicio público lo que acá en argentina llamamos “bondi”, colectivo, que lleva a donde necesitas pero que nunca podés descifrar a que hora pasa. Pues bien en Cambrils parece ser que sucede lo mismo. La mejor información la recibimos de una señora mayor que nos explicó cómo funcionaba y hasta se ofreció a pagar el pasaje porque no teníamos la tarjeta con la cual pagar, por supuesto que le dimos el valor del pasaje, pero ella insistía en que no lo hiciéramos. Se sentó con nosotros y nos contó entre relatos personales de su vida y como funcionan estos balnearios. Ella bajó lo que sería en el siguiente balneario, se aseguró de recordarle al chofer que nosotros teníamos el ticket pago y que nos hiciera el favor de indicarnos donde bajar.

El viaje en tren, la playa, el mejor café, el bus de regreso que incluye esa buena señora a la que le agradecemos pero no recordamos su nombre hicieron de la visita a Cambrils una mañana con todos los condimentos necesarios para seguir viaje.

