Iruya
Pueblo que se incrustó en una de las laderas del Victoria a 2790 metros sobre el nivel del mar, en la provincia de Salta, a unos 307 km de su capital.
Piedra y adobe en cada una de sus estructuras. Al recorrer Iruya se impregna en uno la sensación de que el tiempo se detuvo. No hay asfalto solo piedra y tierra. Empinadas calles con más de 45° de inclinación. La gente camina pausado, el tiempo circula lentamente, nadie parece tener apuro, estas en modo Iruya y es inevitable es como si al llegar la ciudad que traes encima se diluyera en el mismo aire. Por momentos es muy probable que sientas la falta de aire pero te convertís poco a poco en una respiración consciente cada molécula de oxígeno es aprovechado por tu organismo.

La Iglesia conservada por voluntarios que son cuidadores ad donorem que desean preservar la historia de su pueblo. Comprometidos a tal punto que no se pueden tomar fotos del interior, la cual es una decisión respetable que hace que la intimidad de la visita quede alojada en tu memoria. Las pinturas y la iglesia misma datan de 1753 y como en todo pueblo el desarrollo y crecimiento es en torno a una plaza y la iglesia. Hasta eso es único una pequeña explanada te recibe y al otro lado la iglesia. Una especie de terraza que hace de mirador. Lugar de encuentro, de paso y descanso. Las personas se detienen conservan, pasan o solo se sientan a esperar que el tiempo pase como mejor le plazca.

Los platos autóctonos que aprovechan los productos que se producen hacen que los sabores, aunque tengan algunos dejos de inmigrantes que nunca se fueron sean particulares.

Al caminarla y lograr una perspectiva diferente tal vez en una foto puedas capturar algo de la esencia. Parece pintada a mano donde solo son techos bajos y pequeñas ventanas. Como si el artista estuviera en sus inicios mostrando lo rústico y único de lo que no se repite en otro lugar.

El sol y el cielo son parte del paisaje que le aportan calidez a la imagen y si en el recorrido ejercitaste lo suficientes selfis seguramente te llevarás de Iruya planos singulares que no vas a encontrar en otros miradores del norte.


