Marce & Lau
Buenos Aires, Argentina

Andar el tiempo es nuestra naturaleza, vamos transitando física y emocionalmente el tiempo... Aquel que se resignifica con los momentos que vivimos...

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España

Tarragona

By on 26 enero, 2019

Europa tiene en cada rincón una historia por contar y el presente se hace de herramientas para recuperar no solo el legado histórico sino el símbolo de que hubo algo antes.

Llegar es simple lo hacemos en micro/bus y desde la terminal accedemos a una peatonal que se ve extensa porque la meta es llegar a la costa. Comenzamos a caminar y cada tanto hay algo que te hace sentir en casa, poca gente transita somos casi los únicos turistas que se reconocen como tal. Hay ciertas caracterídticas que nos dejan al descubierto cámara en mano, miramos como si estuviéramos frente a una de las 7 maravillas pues bueno para uno que recién llega a un lugar lo es. Y si siguiéramos pensando encontraríamos muchas otras cualidades del turista medio.

Comenzamos a ver el mar, ese azul uniforme que pareciera hasta artificial, un poco de viento, pero es casi lo justo y necesario, el enero de España fue amigable con nosotros. El sol se presentó cada mañana, el viento saludo sin demasiado entusiasmo y la lluvia se alejó para hacerse presente en algunas noches lejos de los horarios en los que hacíamos nuestros recorridos. Retomo ¡!! Esa costa en altura, panorámica fue una vista que sorprendió porque habíamos leído, visto imágenes pero nunca hacen justicia, siempre hay un dejo de que esto no lo vi. Comenzamos a caminar la costanera hasta llegar a unas ruinas que parecían salidas de una película del Imperio Romano, increíble!!! El imperio romano había dejado su huella. Era un circo romano, con sus gradas, sus colores pálidos en piedra ocre. Los recorrimos por fuera ya que hay una gran reja que protege la integridad de la historia. Continuamos el paseo y casi sin planificar decidimos perdernos en las calles de Tarragona y fue una de las decisiones mejor tomadas de todo el viaje. El perdernos nos encontró con calles pequeñas la presencia de la piedra en los frentes de las casas y negocios, la madera infaltable que da el toque añejo, el pavimento mantiene la misma línea. En todos los recorridos las calles daban a pequeñas plazas cual pequeños patios de comida.

La gente tomando tragos, aperitivos y no pareciera que fueran grandes restaurantes, pero lo que si se observaba eran tertulias entre amigos que se dibujaban en los rostros. Los locales estaban casi escondidos y al ir caminando se podían ver algunas vidrieras que invitaban a chusmear para ver de que se trababa.

Catedral de Tarragona
Monumento a los Castellers

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